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CERRO LA CAMPANA

Ficha Resumen
PaísChile, Región de Valparaíso
SectorCordillera de la Costa, Olmué
Ciudad más cercanaOlmué
Altitud1828 m. IGM (Hoja La Calera)
1890 m. GPS
Primera ascensión
CoordenadasLat: -32° 57' 12.9" (WGS 84)
Lon: -71° 7' 13.3"
Características del cerro
Excursiones cercanas
Cerro El Garfio, La Canasta, Parque Nacional La Campana, Cerro El Roble, Cerro Las Vizcachas, Cerro Punta Imán, Portezuelo Ocoa desde Granizo, Parque Nacional La Campana

Presentación

Introducción

La cumbre de la Campana es tal vez el mejor lugar para hacerse una idea de lo que es la zona central de Chile. Está ubicada sobre la cordillera de la costa, en una zona caracterizada por mucha confusión en lo que a geografía se refiere. Es tan estrecho el valle central, y está tan intervenido por cordones de cerros (los valles transversales) que lo atraviesan por todos sus costados, que la distinción entre lo que es propiedad de la Cordillera de Los Andes y lo que no, es difusa. Sólo en invierno la línea de las nieves permite dilucidar quién es quién.

No obstante toda esta confusión, la altura de la Campana y su relativo distanciamiento hacia el oeste lo hace ser un observatorio natural de los demás sistemas de cerros, de los cuales se distingue claramente. Hacia el este se observa toda la cadena los Andes centrales, desde el Mercedario hasta la cordillera de Rancagua, dejando a muy pocas cumbres excluidas de tan impresionante paisaje. Desde la Campana, por ejemplo, hasta cerros como el Pochoco y el Manquehue (clásicos cerros jornaleros del valle de Santiago, con alturas que no sobrepasan los 2000 metros) pueden divisarse fácilmente (esto quiere decir también que la Campana es distinguible desde todos estos puntos, dado que en montaña se cumple la reflexividad: si Juan ve a Pedro, Pedro ve a Juan). Hacia el este, casi a la misma latitud que la Campana, el Aconcagua se impone sobre el horizonte. Hacia el oeste en cambio, cuando se ha disipado la bruma costera, se divisa el Océano Pacífico (según el relato de Darwin sobre su visita a la Campana, éste alcanzó a distinguir los mástiles de los principales navíos anclados en la bahía de Valparaíso). Pero no sólo se ven cerros. Como se dijo más arriba, la cumbre de la Campana es un lugar para conocer lo que caracteriza la zona central. Por el norte el feraz valle de Quillota, con su microclima; por el sur el valle de Olmué.

En el cerro la división entre las laderas norte y sur no puede quedar más clara: la misma naturaleza se encarga de manifestar las diferencias cuando desde la cumbre se distingue a un lado del filo cumbrero el desértico lugar de Palmas de Ocoa y al otro el tupido bosque vernáculo y los hermosos robles que se amontonan alrededor de la quebrada. En invierno, en los meses de junio y julio, los rayos de luz provenientes del sol nunca alcanzan a llegar hacia la ladera sur del cerro, por donde se accede normalmente a su cumbre, y la humedad proveniente del pacífico, más el umbroso bosque que respira, mantienen dicha ladera permanentemente verde. El lado norte, en cambio, es seco, abundado por llanos de arena y maicillo, y salpicado por miles de palmas milenarias. Ambos lugares son excepcionales y dignos de visitar.

Sobre el nombre, es claro que proviene de la forma de campana que tiene el cerro, especialmente cuando se le observa desde el sector de Quillota.

Darwin y la Campana

“Pasamos el día en la cima del monte, y nunca me ha parecido el tiempo más corto. Chile se extiende a nuestros pies como un panorama inmenso limitado por los Andes y el Océano Pacífico”, anotó el joven Charles Darwin en su diario, luego de pasar dos días en la serranía que separa los valles de Quillota y Olmué. Darwin había estado recorriendo gran parte de la zona central, y el 17 de agosto de 1833, junto a dos guías, alcanzó la cima de la Campana. El breve extracto del diario de Darwin resume muy bien la sensación de cumbre de este cerro: la visita a la Campana es un paseo que se disfruta harto sin mucho esfuerzo a cambio.

El 17 de agosto de 1935, casi 100 años después de que Darwin alcanzara la cumbre, la Sociedad Científica de Valparaíso, la colonia británica y admiradores del naturalista inglés dejaron incrustada sobre la palestra de granito que corona al cerro, una placa en homenaje a él, y sobre ella reza el extracto más arriba mencionado. Hoy día, al igual que muchos lugares, la placa está cubierta de pintura y de inscripciones que aluden a nombres de desconocidos y fechas insignificantes, en lo que ha sido bautizado como “los inmortales baratos”. La verdad es que de barato tiene poco (al menos desde un punto de vista comunitario), porque organizarse para limpiar las piedras de todos aquellos cerros que han sido visitados por los “inmortales baratos” es sin duda una empresa que requiere de mucho trabajo.

Darwin se tomó dos días para subir el cerro. Partió de madrugada, el 16 de agosto de 1833, acompañado de dos arrieros “huasos” facilitados por el mayordomo de la hacienda de “San Isidro”, que se encuentra al pie del cerro, en el valle de Quillota. La primera parte la hicieron a caballo, hasta la fuente de agua “del Guanaco”, recorriendo la ladera norte. Hasta este punto, ya podían distinguirse ambas laderas, norte y sur: “Durante la ascensión noto que sobre la vertiente septentrional no crecen sino zarzas, en tanto que la vertiente meridional está cubierta de un bambú que llega a alcanzar hasta 15 pies de altura”.

Es en la fuente del guanaco donde Darwin y su acompañante detienen su marcha para pasar la noche:

“Cuando se hace completamente de noche, encendemos nuestro fuego debajo de un pequeña glorieta de bambúes; asamos nuestro charqui, tomamos nuestro mate y después de eso nos sentimos verdaderamente a gusto. Hay un encanto inexplicable en vivir así a pleno aire. La velada transcurre en perfecta calma; no se oye más que de vez en cuando el agudo grito de la vizcacha de las montañas o la nota quejumbrosa del chotacabras (gallina ciega o plasta)”.

Al día siguiente, ambos expedicionarios alcanzarían la cumbre. Darwin escribiría:

“Pasamos el día en la cumbre de la montaña, y jamás me pareció tan corto el tiempo. Chile, limitado por los Andes y por el Océano Pacífico, se extiende a nuestros pies como un vasto plano. El espectáculo es en sí mismo admirable, pero el placer que se siente aumenta aún con las numerosas reflexiones que sugiere la vista de la Campana y de las cadenas paralelas, así como del amplio valle del Quillota que las corta en ángulo recto. ¿Quién puede evitar asombrarse al pensar en la potencia que ha levantado esas montañas u, más aún, en los siglos sin número que han sido necesarios para levantar, para allanar partes tan considerables de esas colosales masas?”

La expedición pasaría otra noche más debajo de los bambúes, a medio camino entre la cumbre y el valle.

 

Principales Rutas de Ascenso

 

La mayoría de las rutas de ascenso a la Campana transcurren por su cara sur, la cual presenta una gran pared que ha facilitado la apertura de rutas de escalada. Las principales rutas de ascenso son:

 

  • Normal que transcurre por el llamado Sendero Andinista
  • Filo Oeste
  • Chirinos-Honorato: abierta por la pareja de escaladores homónima en la década de los 60.
  • La Grieta: Abierta en 1952 por Eduardo Grau, Arutro Herreros, G. Sangesa, J. Leiva, S. Costa, J. Mas y Raúl Araya. Quienes la intentaron por primera vez no la terminaron por completo y la finalizaron por la variante Schuckert, algo que sería habitual entre quienes quisieran evitar las pasadas de mayor dificultad.
  • Variante Schuckert: abierta en 1949 por la cordada formada por los miembros del Club Andino de Valparaíso Eduardo Grau, Raúl Araya, Arturo Herreros y Germán Sanhueza consiste en una variante de menor dificultad a La Grieta. Llamada así en honor a Juan Schuckert que en 1937 ascendió el Aconcagua.
  • La Gotera: abierta por Humberto Escobar junto a otros escaladores desconocidos en 1942
  • Rangers: abierta por los socios del club homónimo Bernardo Contreras, Fernando Duclos y Agustín Saldías en 1955
  • Placa Peñimawida: abierta por los socios del club homónimo Bernardo Contreras y Ángel Bermejo en 1953
  • El Guanaco: más que una ruta ha sido un lugar de pasada obligada para quienes se extravían en el filo oeste. Debido a esto es que aquí han ocurrido numerosos accidentes, lo que ha convertido a La Campana en uno de los cerros con más fatalidades de Chile.

 

Referencias

 

  • Darwin, Charles. "Darwin en Chile (1832-1835), Viaje de un Naturalista Alrededor del Mundo". Editorial Universitaria, segunda edición (1996), preparada por David Yudilevich Levy y Eduardo Castro Le-Fort.
  • Bermejo, Ángel. Escaladas Históricas en Monte La Campana y Recuerdos de Montaña. Gráfica Lom, 2013.
  • Araya, Raúl. Eduardo Grau. Revista Andina 1999, Club Alemán Andino (pág. 162)