Antes de comenzar, es importante informar a los lectores que no pertenezco ni adhiero a ninguna agrupación ambientalista, y que creo firmemente que Chile debe aprovechar su potencial hidroeléctrico. Creo que nuestro país tiene una oportunidad histórica para construir una matriz energética basada únicamente en fuentes de generación sustentables y no contaminantes. En un mundo enfrentado al cambio climático, ello se plantea no solo como un imperativo ético, sino que también como una oportunidad para mejorar la competitividad de Chile de cara al futuro escenario económico mundial, en el que se vislumbra la abolición definitiva de la generación termoeléctrica mediante la quema de combustibles fósiles.


Como pocos países en el mundo, Chile ostenta la posibilidad de avanzar en la eliminación definitiva, dentro de su territorio, de las obras de generación termoeléctrica, reemplazándolas por obras de generación eléctrica que aprovechen la energía del sol, del viento, de las mareas y de los caudales de agua que escurren desde las montañas.


En vista de que el sol y el viento aportan energía en forma intermitente y no continua, porque tenemos luz solar solo durante el día, y viento solo cuando sopla, y considerando que aún existen graves limitaciones tecnológicas para almacenar a gran escala la electricidad que se puede generar con esas fuentes, resulta que es imposible construir una matriz sustentable basándose únicamente en el viento y el sol. Para que un sistema así pueda operar, es indispensable incorporar, en su base, una fuente capaz de generar electricidad en forma continua, sin interrupciones. Entre todas las fuentes limpias y sustentables, las hídricas son las únicas capaces de asegurar ese aporte ininterrumpido de energía.


Lo señalado, sin embargo, no quiere decir que para avanzar en la construcción de una matriz energética como la planteada, debamos aceptar el desarrollo de cualquier proyecto hidroeléctrico.


Favorecidos con un inmenso potencial hidroeléctrico, como país estamos en condiciones de aceptar solo aquellos proyectos que salvaguarden otros bienes esenciales, como son la provisión de agua potable de la población, la salud humana, y la mínima afectación de la naturaleza. Además, estamos en condiciones de propiciar que el potencial hidroeléctrico sea explotado únicamente con obras que permitan su aprovechamiento en el más largo plazo posible. Por último, también estamos en condiciones de exigir que el resultado de ese aprovechamiento a gran escala sea accesible a todos los chilenos, en un mercado abierto, y no acaparado por unos pocos.


Bajo estas premisas, pasaré a esbozar un diagnóstico sobre el proyecto hidroeléctrico Alto Maipo, describiendo, en esta primera entrega, cómo este proyecto no es capaz de salvaguardar algunos de esos bienes esenciales. En especial, daré cuenta de cómo Alto Maipo afectará la provisión de agua potable de un cuarto de los habitantes de Chile. Para alcanzar esta conclusión, y para exponer con claridad sus fundamentos, es necesario retroceder varios siglos en el tiempo, hasta la Colonia, donde comienza a esbozarse el eje de una historia que termina el pasado sábado 23 de abril, con el corte de agua potable en gran parte de Santiago.


El río Maipo como fuente de agua


La historia del río Maipo como fuente de agua para la ciudad de Santiago es antigua. Durante la Colonia, cuando aún no se sospechaba el surgimiento de la República de Chile, los habitantes de Santiago se plantearon la necesidad de realizar obras para captar las aguas del río Maipo a fin de abastecer de agua a buena parte del territorio que hoy ocupa el gran Santiago. El proyecto tardaría siglos en concretarse. Finalmente, con la llegada del reformismo borbónico a la corona española, el proyecto comienza a materializarse. El gobierno español decide financiar la construcción de un canal que, corriendo de sur a norte, captaría las aguas del río Maipo, llevándolas por el pie de monte hasta el río Mapocho. Se esperaba que ese canal, de 32 kilómetros de extensión, alimentara otros canales menores que surtirían de agua al extenso valle de secano de Santiago, que por entonces era una amplia llanura semiárida. El proyecto comenzó a ejecutarse en 1742, con pala y picota, valiéndose del trabajo de presidiarios condenados a trabajos forzados. 82 años más tarde, en 1825, se terminaron las obras, dando origen al canal San Carlos, aún en operación que corre junto a avenida Tobalaba, desembocando en el río Mapocho en la comuna de Providencia.


Hasta esa fecha, la principal fuente de provisión de agua de la ciudad de Santiago había sido el río Mapocho. Con la entrada en operación del canal San Carlos, las aguas turbias del río Maipo comenzaron a llegar al Mapocho aguas arriba de la ciudad, y por esa vía, a las casas de los vecinos de Santiago. A partir de entonces, en épocas estivales, buena parte del cauce del río Mapocho a la altura de Santiago, tendría su origen en el río Maipo. Así, las aguas del río Maipo vinieron a asegurar el caudal mínimo requerido para que el río Mapocho pudiese abastecer de agua a la entonces pequeña ciudad de Santiago.


Entre los años 1825 y 1917, las aguas del río Maipo fueron tomando un papel cada vez más importante en la provisión de agua a los habitantes de Santiago. La cuidad comenzó a crecer, y a expandirse hacia los llanos de secano ubicados hacia el sur de avenida Matta, límite austral de la ciudad. Durante la década de 1910, la población de Santiago se duplica, llegado a los 500.000 habitantes. Ese incremento explosivo tuvo su origen en una fuerte migración de campesinos a la ciudad. A partir de entonces, una parte importante de los habitantes de Santiago debió abastecerse de las aguas turbias del canal San Carlos y del Mapocho, mediante un sistema de irrigación y evacuación de aguas servidas, constituido por acequias o canales a tajo abierto. Solo un sector de la ciudad era abastecido con aguas más cristalinas, canalizadas en 1865 desde la quebrada de Rabón (hoy conocida como de Ramón) hasta la actual plaza Italia.


Ese sistema improvisado de acequias, que crecía sin control ni manejo en los nuevos asentamientos, comenzó a dejar estragos sanitarios. Entre 1886 y 1888, una epidemia de cólera en Chile dejó 40.000 muertos. En el siguiente medio siglo morirían más de 100.000 compatriotas de tifus.
Con todo, se hizo urgente la necesidad de proveer a los habitantes de la ciudad de Santiago de agua de calidad, construyendo sistemas de alcantarillado y redes de agua potable, y reemplazando las aguas turbias del río Maipo por otras más limpias y cristalinas.


Durante 1873, en plena república liberal (1861-1891) el entonces intendente de Santiago, Benjamín Vicuña, participó en una expedición a lomo de caballo, que alcanzó las lagunas Negra y Lo Encañado. Luego de esa expedición, Vicuña decidió impulsar la construcción de un acueducto, para transportar las aguas prístinas de esas lagunas a los hogares de Santiago. El acueducto comenzó a construirse en 1910, y fue inaugurado en 1917. Con 87 kilómetros de extensión, el acueducto comenzaba en el estero El Manzanito, que desagua las lagunas Negra y Lo Encañado, y terminaba en un estanque que aún existe en avenida Pocuro esquina Antonio Varas, en la comuna de Providencia. Además de captar las aguas de laguna Negra y laguna Lo Encañado en el estero El Manzanito, el acueducto también se alimentaba con las aguas de drenes Azulillos y canal Romanzas, tributarios del río Yeso, y de los esteros San Nicolás, La Cascada, San Gabriel, Coyanco, San José, El Manzano Bajo y El Canelo, todos tributarios del río Maipo.
Treinta años más tarde, el caudal del acueducto Laguna Negra se hace insuficiente para satisfacer la demanda de agua potable de Santiago, que ya sumaba 1.000.000 de habitantes. En esas circunstancias, y con el desarrollo de nuevas tecnologías, el río Maipo vuelve a adquirir un protagonismo renovado en la provisión de agua potable para Santiago. En 1946 entra en operación la planta Las Vizcachas, destinada a tratar aguas captadas directamente del río Maipo, a la altura de Las Vertientes, con el fin de producir más agua potable para Santiago. A fin de asegurar un nivel mínimo de caudal en el río Maipo, indispensable para esa producción, en 1969 se construye el embalse del Yeso, destinado a acumular agua de reserva durante los períodos de lluvias, para luego aportar esas aguas al caudal del río Maipo en las épocas secas. Dos años más tarde, junto a la planta Las Vizcachas comienza a operar una segunda planta, bajo el nombre de “Las Vizcachitas”.


Desde entonces, el sistema de producción de agua potable de Santiago, integrado por el embalse del Yeso, el río Maipo y las plantas Las Vizcachas y Las Vizcachitas, funcionó en paralelo con el sistema del acueducto Laguna Negra. Con el tiempo, estos sistemas se integraron, aportando ambos sus caudales al mismo sistema de producción de agua potable para Santiago. Con sucesivas ampliaciones y mejoras tecnológicas, este sistema integrado se ha mantenido en sus aspectos generales hasta la actualidad.


Desde la época en que los presos iban a la “pega” de la picota y la pala en el canal San Carlos, para traer a Santiago las aguas del río Maipo, hasta la fecha actual, el caudal de este río fue adquiriendo una importancia cada vez mayor en la provisión de agua potable para los habitantes de Chile, cada vez más concentrados en la capital. Así, hoy más del 23% de los chilenos se hidrata, cocina, se ducha y riega sus plantas con las aguas del río Maipo y del acueducto Laguna Negra. Ambas fuentes son, en consecuencia, el origen del agua potable de casi un cuarto de los 18.000.000 de personas que habitan en la vertiente occidental de Los Andes, a lo largo de los 4.329 kilómetros que separan a Visviri del Cabo de Hornos. Ambas fuentes, el río Maipo y el acueducto Laguna Negra, son, en definitiva, las fuentes de agua potable más importantes de Chile.


El río Maipo, el más turbio de Chile


Antes de la construcción del acueducto Laguna Negra, la totalidad de las aguas de las lagunas Negra y Lo Encañado se vertían naturalmente sobre el caudal del río Maipo, a través del estero El Manzanito y el río Yeso. El acueducto Laguna Negra vino a interrumpir el caudal del estero El Manzanito, apropiándose de sus aguas cristalinas para llevarlas por un tubo hasta la comuna de Providencia. El propósito de construir la bocatoma de ese acueducto en un punto tan alto y confinado de Los Andes, radicó en la necesidad de captar las aguas prístinas del estero El Manzanito antes de que su caudal se mezclara con las aguas turbias del río Maipo. Dicho de otra forma, el acueducto vino a desviar esas aguas cristalinas de su camino natural hacia el río Maipo, para salvarlas de la turbiedad y la contaminación.


Si al tiempo de construirse el sistema de producción de agua potable “embalse del Yeso – río Maipo – plantas de Las Vizcachas y Las Vizcachitas”, se hubiera tomado la decisión de eliminar el acueducto Laguna Negra, las aguas prístinas del estero El Manzanito habrían retornado a su cauce original y, por tanto, habrían vuelto a descender por el camino del río Maipo, tal como lo hacían antes de la construcción de acueducto Laguna Negra.
Si tal hecho hubiera ocurrido, las aguas del estero El Manzanito, habrían continuado aportando sus afluentes a la producción de agua potable de Santiago, ya no por la vía del acueducto Laguna Negra, sino que por la vía del río Maipo, entrando a formar parte del caudal que entra a las plantas Las Vizcachas y Las Vizcachitas a través de la bocatoma de Las Vertientes.


¿Por qué, entonces, se mantuvo operativo el acueducto Laguna Negra, con los inmensos costos de mantenimiento que ello implicaba? ¿Qué razón motivó a seguir transportando las aguas del estero El Manzanito a Santiago por la vía del acueducto, y no por la del río Maipo? ¿Cuál ha sido, en definitiva, la causa que ha determinado la supervivencia del acueducto Laguna Negra?


La respuesta es simple. Y es una paradoja. El río Maipo, la más importante fuente de agua potable de Chile, es también el río más turbio de Chile.


Las razones que motivaron a Benjamín Vicuña a buscar una fuente de agua cristalina en la alta montaña, se asemejan a las razones que obligaron al mantenimiento de la obra y operación del acueducto de Laguna Negra, luego de la construcción de las plantas de Las Vizcachas y Las Vizcachitas. En ambos casos, ellas consisten en la necesidad de combatir la excesiva turbiedad del río Maipo, con aportes de caudales cristalinos.


Con el tiempo, las plantas de Las Vizcachas y Las Vizcachitas han evolucionado en tamaño y tecnología. Sin embargo, el acueducto Laguna Negra no ha perdido su importancia en ese sentido. Por el contrario. Su valor estratégico se ha incrementado en forma exponencial.


Ello porque, en la actualidad, la provisión de agua potable de Santiago está siendo asediada por nuevas amenazas, que plantean un valor renovado a la operación de ese acueducto.


Fenómenos climáticos acentuados como El Niño, y el sostenido avance del calentamiento global, han tenido por efecto que, durante las precipitaciones en la región Metropolitana, la nieve ahora caiga a mayor altura que en épocas pasadas.


Los fenómenos climáticos


Si el agua cae del cielo en forma de nieve, se conserva por un tiempo en el sitio donde cayó, para escurrir lentamente a medida que se va derritiendo. En cambio, si en vez de caer en forma de nieve, lo hace en estado líquido, ya no se mantiene en tal lugar por ese mismo tiempo, sino que escurre de inmediato, por gravedad, cerro abajo. Entre más alto en la montaña se forme la nieve, mayor será la cantidad de agua caída que escurrirá en un mismo período de tiempo. Por el contrario, si la nieve se forma a menor altitud, la cantidad de agua que escurre es menor. El límite entre la zona donde el agua precipita en forma de nieve, y la zona en que cae en forma de lluvia, se denomina “isoterma cero”. En ese límite, la temperatura alcanza los cero grados. Sobre ese límite de altitud, las temperaturas están por debajo cero, y bajo ese límite de altitud, por encima de cero.


Ese mayor escurrimiento de agua en la montaña que tiene lugar con isotermas cero a gran altitud, da forma a una infinidad de pequeños torrentes que se van juntando cerro abajo, formando caudales cada vez más grandes, todos los cuales terminan tributando en ríos de mayor tamaño, que bajan hasta el mar. Todos esos pequeños cursos de agua, por acción química (corrosiva) y mecánica (erosiva) van desprendiendo material sólido de las montañas, tierra y piedras, que son arrastrados hacia los caudales mayores.


En definitiva, a mayor altura de la isoterma cero, mayor es el arrastre de tierra y rocas.


Eso es justamente lo que está ocurriendo, cada vez con mayor regularidad, en el cajón del Maipo. Con isotermas cero de gran altura, las aguas del río Maipo alcanzan una turbiedad extrema, que las plantas de Las Vizcachas y Las Vizcachitas no son capaces de decantar.


En esos momentos de turbiedad máxima, las reservas de aguas limpias del acueducto Laguna Negra entran en acción, aportando aquellos flujos de agua limpia que las plantas Las Vizcachas y Las Vizcachitas no pueden producir.
En consecuencia, el acueducto Laguna Negra ha entrado a cumplir una función de renovado valor en la respuesta ante tales eventos de turbiedad extrema, cada vez más frecuentes.


En vista de ello, parece razonable plantear que el añoso acueducto de Vicuña, construido en tiempos en que Santiago solo tenía 500.000 habitantes, sea ahora no solo objeto de un prolijo mantenimiento, sino que, además, de una ampliación, robustecimiento y mejora, con obras que le permitan transportar mayores caudales, y recibir nuevos aportes de agua cristalina.


Ante esta necesidad, en el año 2008 Aguas Andinas anunció en los medios de prensa la construcción de un ducto subterráneo de 5 kilómetros, que conectaría el embalse del Yeso con el acueducto Laguna Negra. La obra proyectada se construiría a fin de incrementar la capacidad de este acueducto para inyectar agua cristalina al sistema de producción de agua potable de las plantas Las Vizcachas y Las Vizcachitas, mejorando así la respuesta de Aguas Andinas ante eventos de extrema turbiedad del río Maipo.


La noticia fue aplaudida en forma transversal. Y con toda razón. Con ella se anunciaba la decisión de fortalecer el camino del agua limpia, para combatir el agua sucia.


Los efectos de las obras anunciadas no llegaban solo hasta ahí, ya que con ellas también se avanzaba en la misión de hacer frente a la dramática disminución de precipitaciones en el cajón del Maipo, pronosticada para los próximos decenios por estudios de la DGA y de Aguas Andinas.


Con esas obras, también se fortalecía la capacidad del sistema para responder ante un evento de contaminación extrema del río Maipo, a causa de cenizas arrojadas por la erupción de los volcanes San José o Maipo, o por efecto de un derrame accidental de sustancias tóxicas sobre el lecho del río Maipo.


Con todo, el ducto del embalse del Yeso al acueducto Laguna Negra vendría a generar mejores condiciones de seguridad para la provisión de agua potable de Santiago.


En este punto del relato, hemos llegado a una zona de inflexión en la epopeya de llevar agua potable a los habitantes de Santiago. Lo que sigue ahora, es un camino cuesta abajo, hacia los bajos fondos de la codicia y la corrupción.


Un camino cuesta abajo


Al cambiar de siglo, teníamos dos caminos trazados para las aguas del cajón del Maipo. Por una parte, el de las aguas turbias del río Maipo, y por otro, el de las aguas cristalinas del acueducto Laguna Negra.


Pero hacia finales de la década pasada, irrumpe en esa escena el proyecto de un tercer camino para las aguas del cajón del Maipo. Se trata del Proyecto Hidroeléctrico Alto Maipo (PHAM), una obra en actual construcción, con 30% de avance, que pretende entubar aguas captadas en distintas cuencas del cajón del Maipo, para conducirlas a través de un sistema de túneles de 70 kilómetros de extensión y de 2.000.000 de metros cúbicos de volumen, a fin de operar dos centrales hidroeléctricas de pasada, denominadas “Central Alfalfal 2” y “Central Las Lajas”. Al final del proceso, las aguas entubadas serán restituidas al cauce del río Maipo, frente a la subestación las Lajas, y al cauce del río Colorado, en el sector del Alfalfal. En ambos casos, las aguas captadas en los afluentes cordilleranos serán restituidas por los túneles en un sitio que se ubica aguas arriba de la bocatoma Las Vertientes, que es la que alimenta las plantas productoras de agua potable Las Vizcachas y Las Vizcachitas.


La concreción de este sistema de aprovechamiento de aguas para fines de generación eléctrica, establecerá un límite definitivo a la operación y expansión del acueducto Laguna Negra, y con ello, al desarrollo de obras y operaciones esenciales para asegurar la provisión de agua potable de Santiago.


Ese límite está imponiéndose por distintas vías.


Por una parte, ocurre que diversos esteros y ríos cristalinos del cajón del Maipo, que constituyen reservas naturales de agua limpia para Santiago, fueron adquiridos por AES Gener, al amparo del Código de Aguas, para operar el proyecto Alto Maipo. Entre esas fuentes cristalinas destacan el río Yeso, aguas abajo del embalse del Yeso. Por otra parte, AES Gener también consiguió, mediante un contrato con Aguas Andinas, el derecho a captar parte del caudal del estero El Manzanito, que desagua las lagunas Lo Encañado y Negra.


Las aguas cristalinas captadas por Alto Maipo en esos dos ríos, en la práctica, serán consumidas, ya que, por causa directa de este proyecto, ya no tendrán la posibilidad de llegar limpias al sistema de agua potable de Santiago, dentro del tubo del acueducto Laguna Negra.


Esas aguas cristalinas entrarán a los túneles de Alto Maipo, y luego de generar electricidad en las centrales de pasada, serán vertidas sobre las aguas turbias y contaminadas del río Maipo, a la altura de Las Lajas, perdiendo las características de pureza que tenían cuando fueron captadas, ya que se mezclarán con las aguas turbias del río Maipo.


Aguas que podrían haber llegado limpias al sistema de provisión de agua potable de Santiago, a través del acueducto Laguna Negra, ahora llegarán sucias a ese sistema de provisión, a través del caudal del río Maipo que es captado en la bocatoma Las Vertientes.


Se trata, en términos reales, de un uso consuntivo. El proyecto Alto Maipo tomará agua limpia y cristalina del río Yeso, laguna Negra y laguna Lo Encañado, destinadas originalmente al sistema de provisión de agua cristalina del acueducto Laguna Negra. Esas aguas serán usadas y devueltas al sistema de producción de agua potable, ahora enturbiadas y contaminadas con las aguas servidas de San José de Maipo y de otros pueblos del cajón del Maipo, ninguno de los cuales cuentan con plantas de tratamiento de aguas servidas.


El Código de Aguas chileno señala que, en un uso de aguas no consuntivo, “La extracción o restitución de las aguas se hará siempre en forma que no perjudique los derechos de terceros constituidos sobre las mismas aguas, en cuanto a su cantidad, calidad, substancia, oportunidad de uso y demás particularidades”. En efecto, para el caso en cuestión, tenemos a todas luces un uso consuntivo, ya que el proyecto Alto Maipo pretende quitarle aguas prístinas a un sistema de producción de agua potable, para luego devolver esas mismas aguas al sistema, pero mezcladas con materia fecal humana y con altas concentraciones de sedimentos.


Con ello, el proyecto Alto Maipo degradará la calidad de nada menos que las reservas estratégicas de agua cristalina de Santiago, indispensables para su provisión de agua potable ante eventos de contaminación o turbiedad extrema.
Para concretar este propósito, AES Gener adquirió derechos de aguas sobre esteros y ríos cristalinos como el río Yeso, y además celebró un contrato con Aguas Andinas, según el cual esta última empresa ingresó de hecho al negocio de generación eléctrica.


La participación de Aguas Andinas


En ese contrato, Aguas Andinas se obliga a entregar a Alto Maipo parte de las aguas cristalinas que administra, provenientes de Laguna Negra y de laguna Lo Encañado, en un volumen de 2,5 metros cúbicos por segundo, a cambio del 50% de las utilidades que genere la producción de electricidad con ese volumen de aguas en las centrales hidroeléctricas “Central Alfalfal 2” y “Central Las Lajas”. También se obliga a restringir el uso de las aguas del embalse del Yeso, de su propiedad, para abastecer el acueducto Laguna Negra. Por dicho contrato, Aguas Andinas también se obliga a captar y conducir aguas por el acueducto Laguna Negra solo en caso de “alta turbiedad” de las aguas del río Maipo, o cuando el caudal de agua que sale del embalse del Yeso sea bajo. También se restringe a construir solo un acueducto que comunique el embalse del Yeso con el acueducto Laguna Negra, limitándose a transportar en ese único acueducto un máximo de 4 metros cúbicos por segundo, y obligándose a no extraer agua directamente del embalse, sino que solo de la zona donde las aguas del embalse se vierten hacia el río Yeso. El contrato incluso establece restricciones al uso de ese acueducto en caso de contaminación del río Maipo producto de un accidente. Ante tal evento, Aguas Andinas se obliga a usar el acueducto solo durante dos días el primer año, y únicamente un día en los años siguientes. Por último, Alto Maipo se reserva el derecho de aumentar o disminuir el caudal del río Maipo en “casos de emergencia”.


Este contrato entre Aguas Andinas y Alto Maipo (AES Gener), por razones obvias, se mantuvo secreto por años. Solo pudo conocerse en el año 2009, después de un largo proceso judicial, con el que la Corte de Apelaciones de Santiago obligó a estas empresas a hacerlo público. En su resolución, la Corte señala que “no existen motivos para mantener en reserva el acuerdo suscrito por Aguas Andinas y AES-Gener para el uso de aguas de la Laguna Negra y Laguna Lo Encañado, dado la trascendencia económica y social que reviste el recurso hidrológico para la Región Metropolitana.”


Al suscribir este contrato, Aguas Andinas renunció al mejor y máximo aprovechamiento de las aguas prístinas del río Yeso, y de aquellas que fluyen de Laguna Negra y de laguna Lo Encañado, aguas que le fueron entregadas por el Estado chileno para el cumplimiento de un único propósito: proveer de agua potable a Santiago. Aguas Andinas acepta este acuerdo a cambio de una ganancia de $280.000.000.000 (cifra informada por Aguas Andinas), que será pagada por Alto Maipo en un período de 40 años.


Por ese dinero Aguas Andinas ha vendido la seguridad en la provisión de agua potable para un cuarto de los chilenos. Una parte de los pagos que realizará Alto Maipo a Aguas Andinas saldrá de los bolsillos del grupo Luksic, que posee un 40% de las acciones de la hidroeléctrica. Parte de ese dinero pagado irá de vuelta a los bolsillos del grupo Luksic, ya que también posee acciones en Aguas Andinas.


¿Cómo resolverá Aguas Andinas los eventos, cada vez más frecuentes, de “turbiedad extrema” del río Maipo?
La “solución” ya ha sido anunciada. A falta de las aguas del río Yeso, y de las aguas que desaguan las lagunas Negra y Lo Encañado, se construirá un nuevo embalse con aguas de reserva, de 1.500.000 metros cúbicos, en la localidad de Pirque. Este proyecto, que implica una inversión de 90.000.000 de dólares, fue aprobado por la Superintendencia de Servicios Sanitarios en octubre de 2013. Actualmente está en fase de estudio ambiental.


El costo de esta inversión será cargado en las cuentas de agua potable de los 6.000.000 de clientes que posee Aguas Andinas en Santiago, tal como ha ocurrido con todas las obras de avance que ha construido esta empresa en el pasado. De esa forma, serán los propios afectados, los habitantes de Santiago, los que deberán meterse la mano al bolsillo para aportar con dinero al financiamiento del proyecto Alto Maipo.


El embalse de acopio de aguas de reserva que proyecta construir Aguas Andinas en Pirque, de 1.500.000 metros cúbicos, contrasta dramáticamente con los 830.000.000 metros cúbicos de capacidad que ofrecen el embalse del Yeso (220.000.000), la laguna Negra (600.000.000) y Lo Encañado (10.000.000). Léase bien, la relación es 1 a 415.
Con todo lo dicho, queda de manifiesto que el proyecto Alto Maipo viene a limitar y restringir en forma dramática el aprovechamiento estratégico de las aguas cristalinas del cajón del Maipo. Y ello, incluso en casos de contaminación gravísima del río Maipo, provocada por causas naturales, o por acciones premeditadas o accidentales del ser humano.


Este hecho, por sí mismo inaceptable, constituye solo la parte más relevante de los impactos negativos que tendrá este proyecto en la producción de agua potable para Santiago.


En efecto, hay más que decir.


Las diversas interferencias que ocasionará la operación de la hidroeléctrica Alto Maipo en el caudal del río Maipo, afectará también la operación de las plantas de Aguas Andinas en Las Vizcachitas y Las Vizcachas.


Otros efectos de Alto Maipo


En la actualidad, cuando aumenta en forma sostenida el caudal del río Maipo, a causa de una fuerte lluvia, las aguas de su torrente elevan rápidamente su nivel, inundando los espacios adyacentes del río que antes de esa crecida se encontraban secos. Esos terrenos secos y permeables, ahora inundados, son capaces de absorber y contener una parte importante del agua de esas crecidas, entre sus piedras y dentro de la tierra, amortiguando de esa forma el rápido aumento del caudal producido por la lluvia.


Con la puesta en marcha del proyecto Alto Maipo, este efecto amortiguador se verá acotado, ya que una parte del caudal del río Maipo pasará por el sistema de túneles de la hidroeléctrica, donde no opera tal efecto amortiguador.


Como resultado, aguas abajo de Las Lajas, durante las lluvias, el caudal del río Maipo alcanzará niveles significativamente más altos de los que habría alcanzado sin la existencia del sistema de túneles de Alto Maipo.


Por otra parte, la operación del proyecto hidroeléctrico también puede provocar una baja repentina en el caudal del río Maipo. Problemas en la operación de las centrales de pasada o derrumbes en el interior de los túneles a causa de terremotos o por la acción erosiva y corrosiva del agua entubada, entre otras causas, pueden obligar a Alto Maipo a suspender de un momento a otro el flujo de agua por los túneles.


Todas estas variaciones anormales en el caudal normal del río Maipo, tendrán implicancias negativas en la operación de las plantas Las Vizcachas y Las Vizcachitas, y en la producción de agua potable para Santiago.


Estas probables interferencias en el caudal del río Maipo fueron el principal argumento técnico que planteó Aguas Andinas en contra al proyecto hidroeléctrico Alto Maipo, antes de que aquella empresa suscribiera el contrato que la obligó con esta última. Por aquel entonces, Aguas Andinas presentó observaciones al Estudio de Impacto Ambiental entregado por la hidroeléctrica a la autoridad ambiental, argumentando que la legislación chilena se inspiraba en el “principio de prioridad”, según el cual existe una preeminencia de la actividad de los servicios sanitarios, por sobre la actividad de los servicios eléctricos.


Adicionalmente, quedan muchas dudas sobre las interferencias que podría provocar el sistema de túneles del proyecto hidroeléctrico Alto Maipo en los escurrimientos naturales de aguas subterráneas y superficiales que tributan al caudal del río Maipo.


En vista de que no se contempla la impermeabilización de los túneles del proyecto, es altamente probable que una vez que estos túneles entren en operación, se generen drenajes de napas hacia los túneles, por poros y grietas. Los flujos de esos drenajes podrían ir incrementándose con el tiempo. En la zona de túneles ubicada entre el valle de la Engorda y el río Yeso, donde existen formaciones de caliza, estas infiltraciones podrían dar origen a grandes vías subterráneas de drenaje hacia los túneles. Eventos tectónicos podrían acelerar el proceso.


Los túneles de Alto Maipo podrían captar no solo las aguas de las napas cuyo nivel freático se encuentra por sobre el nivel de los túneles. También podría captar aguas superficiales de vertientes ubicadas justo por encima de los túneles. Al entrar el veloz torrente de los túneles en contacto directo con las napas, se generará una fuerte succión sobre estas fuentes de agua, por dinámica de fluidos.


Ello podría tener diversos impactos negativos en la provisión de agua potable para la ciudad de Santiago.


La desaparición de cursos superficiales en las quebradas del cajón de Maipo tendría por efecto el aumento de la turbiedad del río Maipo ante el evento de fuertes lluvias, ya que la desaparición de la flora nativa antes regada por esos esteros generará desertificación y, por ende, una creciente erosión y meteorización de las rocas que existen en sus cuencas. El material erosionado y meteorizado será arrastrado por las lluvias al cauce del río Maipo, incrementando su turbiedad.


Por otra parte, el drenaje de napas a través de los túneles, puede afectar importantes reservas de agua para el río Maipo en períodos de sequía. Las aguas subterráneas del cajón del Maipo, infiltradas a través del subsuelo durante las lluvias, se mueven lentamente hacia los niveles más bajos, por gravedad, cruzando estratos de roca permeables, hasta alcanzar el lecho del río Maipo.


Con ello, esas napas son un aporte y una reserva de agua importante para mantener los niveles de caudal del río Maipo durante las épocas de sequía.


Estudios realizados por la Dirección General de Aguas (DGA), por el Banco Interamericano de Desarrollo, por la Universidad de Chile, y por la propia Aguas Andinas, indican que, en las próximas décadas, los eventos de sequía en la cuenca del río Maipo irán en aumento, al tiempo que el volumen promedio de precipitaciones irá declinando en forma progresiva, con isotermas cero cada vez más altas. (este argumento ya lo esbocé en 2009, en un artículo titulado “Chile, el país de las montañas prohibidas”).


Para finalizar, es importante mencionar que existen indicios de que el proyecto hidroeléctrico Alto Maipo también podría afectar la calidad del agua del río Maipo.


Un estudio del Colegio Médico realizado recientemente, con la participación de equipos técnicos la Universidad de Chile, señala que, en algunas muestras obtenidas en aguas lixiviadas por acopios de material extraído de los túneles, se detectaron altas concentraciones de hierro, las que excedían en un 5000% el máximo tolerado para el consumo humano. 

 

El argumento parece inicialmente débil, si consideramos que el resultado fue obtenido de charcos, y no del río Maipo, ni menos del agua corriente de Santiago. Ciertamente, si esos charcos ya han alcanzado el cauce del río Maipo, el hierro se habrá disuelto, sin elevar de forma relevante los índices de ese metal en sus aguas.


Sin embargo, ello podría ser un indicio de lo que podría ocurrir con la lixiviación de todo el material que se extraerá de los túneles, que sumará más de 3.000.000 de metros cúbicos, más la lixiviación de 1 kilómetro cuadrado de superficie mineral dentro de los túneles -de 70 kilómetros de extensión y 5 metros de diámetro-, los que eventualmente sí podrían elevar los índices de hierro a las aguas del río Maipo, especialmente en épocas secas, de bajo caudal.


Con todo, la oposición por contaminación de hierro sigue siendo débil, ya que, en base a las concentraciones testeadas, para contaminar con hierro un metro cúbico (1000 litros) de agua limpia, se requerirían 20 litros del charco analizado.


Sin embargo, quedan dudas al respecto, dudas que no son admisibles ni tolerables, ya que estamos hablando nada menos que del agua potable que consume un cuarto de la población de Chile.


Por todo lo argumentado aquí, no me queda más que darle un contundente NO al proyecto hidroeléctrico Alto Maipo, y a instar a los gobernantes de Chile a retomar los sueños de Benjamín Vicuña, quién desde su trinchera liberal, al igual que Balmaceda, fue capaz de entender que el liberalismo económico es capaz de generar progreso y felicidad, pero solo en la medida que avance por la senda del bien común, supervigilada por el poder del Estado.
Finalmente, para abrir esta discusión, invito a Joaquín Barañao, y a todos los demás montañistas y no montañistas que apoyan el proyecto Alto Maipo, a discutir, cuestionar o plantear oposiciones y dudas a los argumentos aquí planteados.


Terminando estas líneas en El Melocotón, mientras escucho no tan lejos el suave murmullo del río Maipo, en abril de 2016.

 

Fuentes 

 

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